sábado, 2 de julio de 2016

Por: Jorge Luís Peña Reyes el . http://www.radiolibertad.cu/index.php/noticias/titulares/5204

 Una fotografía es capaz de cambiarnos la vida. Ni el cine con su magia en movimiento puede despertarnos tantos recuerdos como esas cartulinas sepias que dejaron para siempre grabada la imagen de un tiempo ya pasado.

Floresbindo García Fernández, Bindo, un español radicado en Cuba desde 1923 es responsable de cientos de imágenes del Puerto Padre de ayer. Las calles cambiaron su nombre y allí estaba Bindo como reportero del suceso. Las arquitecturas variaron y aunque cayeron los muros, su vieja cámara dejó congelada las fachadas anteriores. Cientos de gentes de todas las edades y procedencias posaron para él. Una rara sensibilidad lo acompañó en sus casi cien años hasta convertirlo en el fotógrafo más importante de La Villa Azul de todos los tiempos.

La editorial provincial Sanlope publicó el libro Bindo el mago del lente, un epíteto que fue su carta de presentación desde que Pedro Zacca Cheda lo promoviera por las frecuencias de CMKY Radio Puerto Padre.

Abel Sastre Matos junto a René Cordero Torres es autor de este volumen de investigación que nos ayuda a entender la vida y obra de este apasionado hombre de la imagen

Bindo primeramente trabajó como dependiente en Cuba- Cataluña. Luego labora el Paso Palmar, perteneciente al territorio de Chaparra y es allí donde le regalan su primera cámara, con ella empieza a hacer pininos. Se enamora de este arte y en el año 1926 se inicia como fotógrafo. Cubrió setenta años de la historia de Puerto Padre desde la gráfica. La mayoría de las imágenes de La Villa Azul tienen su rúbrica.

Ubicó su estudio frente al templo de la iglesia católica San José en La Avenida de La libertad, donde ganó notoriedad. El portal del complejo comercial La Reforma recrea hoy su instalación con un parasol que extendía al mediodía y replegaba al anochecer.

Su casa según contó una vez el periodista Julián Puig Hernández era el reino de los misterios no solo porque eran contados los que podían entrar, sino porque se respiraba el incógnito aire de los espíritus, con fotografías que te clavaban una mirada punzante, exigiendo respeto.

Alrededor de esta figura desgarbada se tejieron leyendas por su pertenencia a la logia de los Rosa Cruz, teosofía a la que Floresbindo dedicó 25 años.

Su sensibilidad artística lo convirtió en un hombre que estudió las técnicas fotográficos y experimentó diversas maneras de imprimir ese diálogo entre la luz y la sombra. 

Su completa madurez la alcanza en la década del cuarenta, años en que aparecen la mayor cantidad de fotografías de la época, en las que se evidencia la utilización de las más modernas técnicas de entonces. Le favoreció el florecimiento de periódicos y revistas que reproducían sus imágenes de manera seriadas.

Unas de las fotos más singulares de La Villa Azul fue la de un zeppelín o teletransportador que cerca de la Anacahuita depositó un bulto postal y se elevó dejando a muchos aterrorizados ¿Cómo se las arregló Bindo para llenar el cielo de Zeppelines cerca del campanario de la iglesia católica?

Realizar montajes en aquel tiempo, explica Abel Sastre, suponía una dedicación enorme porque debía trabajar por capas disminuyendo y replicando los objetos de diferentes tamaños para lograr la sensación de profundidad.

Bindo fue un incansable estudioso de las técnicas fotográficas. Logró hacer películas en movimiento de ocho, doce y dieciséis milímetros, gracias a eso conocemos escenas de los carnavales, de las playas, de los mítines y de otras áreas de la sociedad puertopadrense del pasado.

Logró trabajar la diapositiva que permitía proyectar una imagen de mayor tamaño a partir del montaje de un fragmento del celuloide en unapieza pequeña de cartón. Una de esas imágenes nos reveló la existencia de un bohío dentro del Castillo de Salcedo o Fuerte de la Loma.

Trabajó la fotografía aérea valiéndose de personas que poseían avionetas. No era él quien iba, sino que preparaba la cámara para que otros pudieran  tomar valiosas imágenes del Puerto Padre de antaño.

Esto ofrece hoy una información útil para el rescate del patrimonio, para conservar la memoria histórica del territorio, a partir de un extenso archivo que nació de su sensibilidad y constancia.

Aquejado de problemas pulmonares Floresbindo García Fernández muere en 2002, a la edad de 98 años en Puerto Padre, esta segunda patria que lo acogió como a uno de sus más distinguidos hijos.

Bindo, el mago del lente, dejó memoria del Puerto Padre de ayer. Sobre esas innumerables fotografías descansan los deseos de edificar una ciudad que dialogue con su pretérito, como un puente entre el pasado y el presente.

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